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CENA-COLOQUIO CON JUAN MANUEL MORA


“CLAVES DEL PAPA FRANCISCO EN LA COMUNICACIÓN”

En presencia de unas sesenta personas, el vicerrector de Comunicación de la Universidad de Navarra, Juan Manuel Mora, ofreció el jueves, 9 de junio, en ForoMirasierra, un análisis del nuevo modo de comunicar del Papa actual.


Si Juan Pablo II puede decirse que fue el Papa de la autoridad moral, Benedicto XVI lo fue de la autoridad intelectual. Francisco es el cambio en la presentación del mensaje. Cuando es elegido, la Iglesia padece una "depresión", causada, en buena medida, por el espionaje y venta de documentos vaticanos, y por los abusos sexuales en años precedentes. Quizá Papa Benedicto renunció al Pontificado con el corazón destrozado por tanto sufrimiento e incomprensión, a pesar de que tanto él como san Juan Pablo II afrontaron el problema; sobre todo Benedicto XVI. Mora resumen la situación: la Iglesia ha perdido credibilidad. Francisco se encuentra con una opinión pública que dice: “la Iglesia no practica lo que predica. No tiene credibilidad”.


El nuevo Pontífice no dice nada nuevo, ni modifica los contenidos del mensaje esencial. Pero sí comienza a plantear los temas de otro modo, sin plantear la batalla en aquellos asuntos que, casi exclusivamente, recogen los medios más influyentes y acaban imponiéndose en el ambiente. La prensa de mayor influencia habla de preservativos, control de natalidad, matrimonio homosexual, admisión de divorciados a la Sagrada Comunión, ordenación de mujeres, sacerdotes casados, dineros de la Iglesia.


Francisco ha debido darse cuenta de esto. Juan Manuel Mora puntualiza que él expone opiniones, no el manual de comunicación del Papa. Quede esto claro: es un análisis personal, aunque él sea un profesional de la Comunicación. Y comienza a hablar de otros temas, sin renunciar a la doctrina sobre lo anterior. Mora repasó siete temas que constituyen el hilo conductor de los mensajes y documentos del Papa. Algo así como su agenda, muy diferente a la de los medios en general, porque no entra al trapo de todo lo que a esos medios les importa más.


No estoy en condiciones de repasar los siete asuntos que desgranó, pero sí algunos.


  1. Francisco habla de una Iglesia de salida y de que prefiere una Iglesia accidentada a una Iglesia indemne, instalada en la verdad. Quiere decir que asigna a la Iglesia una misión, la de siempre, que es salir al encuentro de las gentes. En esas incursiones del católico, la Iglesia se presenta como un hospital de campaña, un centro que deber curar las heridas de los peregrinos que se esfuerzan por amor a Cristo y, tantas veces, yerran.

  2. Es un concepto importante. El Papa no quiere una Iglesia convertida en un establecimiento que despacha un producto más, sino una Iglesia que sale a las periferias, que busca a todos, que se ocupa que cristianos alejados o en pecado, que no se amilana ante los graves problemas de la sociedad.

  3. Muestra una exigencia muy firme con los sacerdotes, obispos y cardenales, en materia de abusos sexuales. No le importa haber equivocado el tono en alguna ocasión. Cuando se lo han advertido, Francisco ha pedido disculpas públicamente. Porque es humilde. Aquí no pasa ni una. Y eso es un ejemplo para todos y lo ven los alejados también, y los de otras religiones.

  4. Huye de una Iglesia concentrada en sí misma, como hacemos los occidentales, mirándonos al ombligo (no son palabras textuales de J. M. Mora) sobre aquellos temas que dije antes curas casados, matrimonio homosexual, preservativos, democracia en la Iglesia). Es muy transparente. Por ejemplo, reúne al colegio cardenalicio por Año Nuevo y, si esperaban una felicitación de año al uso, Francisco les lanza un relato de las quince enfermedades más graves que aquejan a la curia, a la jerarquía y a determinados sectores. Es decir: nosotros no debemos ser el problema, con nuestros chismes. Pero quizá sí lo estemos siendo.

  5. Demasiada polémica interna y poca salida a las periferias. Nadie se convierte después de una discusión, debate o polémica. San Josemaría predicó que la verdad no sale de la discusión, sino de pensar, adquirir conocimientos adecuados mediante la razón, exponer situaciones con calma. Pues, en la Iglesia, no creemos en muchas ideas y muy buenas, sino en una persona, en Jesucristo, como reiteró Benedicto XVI. Así actúa y habla Francisco, sin meterse en polémicas, en las polémicas que suscitan los medios y la vanidad de muchas almas. Él va a lo concreto: a la persona que le necesita. Por eso besa a un leproso que produce rechazo a todo el mundo. Pero a Francisco no. Lo hizo en la plaza de San Pedro. Y aquel hombre dijo al oído del Papa unas cosas que mostraban su gran humanidad y reconocimiento a Francisco. No se anda con teorías: dice y hace.

  6. Lo anterior es la Misericordia, uno de los nombres de Dios mismo, algo que aparece docenas de veces en los Evangelios. Con la Misericordia, el Papa busca cambiar el corazón de los católicos. Y con la pobreza lo mismo. En lugar de andar liados con las riquezas del Vaticano (batalla perdida), Él exhorta a buscar al pobre para ayudarle, porque sólo practicando la misericordia con el necesitado de ella, el cristiano se vuelve misericordioso. Esto es la Iglesia de salida, la que tiene una misión: servir al mundo, no a mis intereses pequeños, sean los del sacristán, los del párroco, los del anciano con su reuma, que le atenazan para salir a la misión de ayudar a solucionar los problemas del mundo y demostrar que el católico tiene también soluciones que puede compartir con quienes no lo son.

  7. Por último, la alegría. Papa Francisco se harta de criticar la cara de vinagre de algunos. La alegría es compatible con las tragedias externas porque es una virtud que viene de Jesucristo, de la Eucaristía. Predica una Iglesia que sea acogedora, no un juez riguroso que asusta a quien busca consuelo.

Que el Papa es coherente con lo que dice se observa en detalles tan pequeños como llevar su maletín con las cosas del aseo, ir en un coche modesto, vivir en Santa Marta, besar aquél enfermo de lepra, celebrar la Misa de la Cena del Señor en una cárcel, vivir en Santa Marta, etc.


Esto es menos de la mitad de las razones que Juan Manuel Mora expuso en apoyo de su tesis de que el Papa Francisco entiende la Comunicación de un modo muy diferente a sus antecesores, sin que ello suponga ningún demérito para ellos, todos de una envergadura humana e intelectual y de una santidad reconocidas. Puede suceder que yo no haya expuesto con todo rigor algunos aspectos.


Durante el coloquio, desgranó los motivos por los cuales la Iglesia no debe hipotecarse apoyando opciones políticas concretas. La experiencia de la democracia cristiana italiana, con sus aciertos y errores, es una prueba histórica de ello. Por eso, la Iglesia, los episcopados, deben andar con mucho cuidado en este tema, porque con frecuencia sirve para que los alejados piensen que ser católico y votar a un determinados partido es lo mismo. Aunque no sea así, pero se da pie a pensarlo.


Mariano González



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